
En un Congreso de Juventudes organizado por el régimen, delegados de Juventud Democrática así como Francisco Henríquez Vásquez del PDRD distribuyeron unos volantes contra Trujillo. La respuesta del régimen fue contundente; Henríquez fue apresado al día siguiente y enviado a una cárcel en la zona fronteriza y un nuevo volante circuló, esta vez casa por casa en diversas provincias, declarando lucha abierta contra la tiranía.
Esto provocó grandes redadas y el asesinato del doctor Julio Nin, opositor del régimen sin filiación política, y de Ramón Espinal del PDRD con la intención de causar pánico entre los opositores.
La situación aisló a los principales dirigentes del PDRD: Pericles Franco, Ramón Grullón y Henríquez Vásquez, con lo cual, el movimiento quedó casi desmantelado.