
Entre 1934 y 1935 se descubrió una conspiración organizada por un pequeño grupo de intelectuales y comerciantes importantes encabezada por el doctor Ramón de Lara, Oscar Michelena, y el cónsul honorario de Italia en el país, el rico empresario italiano Amadeo Barletta.
A pesar de gozar este ultimo de inmunidad diplomática, fue apresado junto a los demás y torturado en la Penitenciaría de Nigua, lo que provocó una protesta formal del gobierno de Benito Mussollini, quien envió dos buques de Guerra a Santo Domingo y amenazó con bombardear objetivos militares si Barletta no era liberado.
Esto obligó a Trujillo a sacar de la cárcel a los tres, quienes fueron luego desterrados.